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Noticias Cha3
31 diciembre 2018

Mambo

Tanto la música, como el baile, e incluso el nombre del Mambo tienen raíces africanas.

El término “Mambo” procede del Kilongo, uno de los idiomas africanos que llegó a Cuba y se refería tanto a la conversación con los dioses, como al nombre de la sacerdotisa que ayudaba a las personas a comunicarse con los dioses a través del trance del baile.

Como género musical el Mambo nace hacia 1930 a partir del danzón, son y rumba cubana fusionados con algunos ritmos africanos.

Orestes López junto con su hermano Israel Cachao López se les considera cocreadores del mambo. Ambos, grandes especialistas en danzón, fueron incorporando elementos del Jazz y del son, dando paso a un nuevo género musical. Orestes compuso en 1938 un danzón llamado “Mambo”.

También se considera a Arsenio Rodríguez como precursor del Mambo. Fue incorporando cambios al son cubano creando nuevos ritmos latinos. Una de sus principales aportaciones al Mambo consistió en introducir el tambor de yuca de origen congoleño llegando a componer su primer mambo “So caballo”.

Por su parte, Dámaso Pérez Prado (en la foto se le puede ver cantando), a través de su orquesta de Jazz-band, dio al Mambo una nueva sonoridad fusionando elementos del Jazz y ritmos afro-cubanos. Contribuye de forma decisiva a propagar el Mambo por toda Cuba, México y EEUU. El “Mambo número 5” le popularizó, otorgándole el apodo de El Rey del Mambo.

También es necesario nombrar a Tito Puentes, Tito Rodríguez, Beny Moré, Bebo Valdés, Xavier Cugat, El Niño Rivera, René Hernández, la orquesta Casino y la orquesta Riverside, entre otros.

El Mambo como baile, heredó ese frenesí de los bailes africanos, por lo que inicialmente se bailaba de forma muy improvisada. Al llegar a Nueva York, los maestros del baile empezaron a establecer el paso básico y figuras, convirtiéndolo en uno de los bailes más apreciados a nivel internacional. Por entonces destacaron grandes bailadores de mambo como Aces, Machito, Carmen Cruz y Gene Ortíz y Tito Rodríguez.

El mambo se baila siguiendo un ritmo sincopado con un tiempo de silencio en cada compás, que coincide con la pausa en el movimiento.